Es hijo de una lavandera y de un carretonero y con esfuerzo, se convirtió en juez de Brasil. Su familia, orgullosa.





Esta historia de superación y perseverancia, nos tocó el alma.


Francisco es hijo de una lavandera y un carretonero y a pesar de haber nacido en un contexto social y económico adverso, logró concretar su sueño de ser abogado.

 

 

Y no sólo eso; hoy, Francisco Walter Rêgo Batista asumió el cargo de juez en el TJPA, (Tribunal de Justiça do Estado do Pará) Tribunal de Justicia de Pará. ¡Qué orgullo enorme para su familia!

El joven, es originario de Pau dos Ferros, región del Alto Oeste Potiguar.

 

 

La importancia de la educación pública.

Este es el resultado de aplicar políticas de educación pública, que les permita a todos y a todas los y las jóvenes, la oportunidad de estudiar de manera gratuita.

En estos casos es cuando entendemos la importancia de la educación pública como instrumento de superación personal.

 

 

Francisco puso su esfuerzo y su dedicación; y su familia, el apoyo incondicional y el ánimo para acompañarlo en sus largos años de estudio.

Esos padres pudieron no tener la oportunidad de superarse en la vida, pero entendieron que el estudio era la única manera de ascender y mejorar la calidad de vida.

A pesar de sus propias limitaciones, tuvieron claro lo que querían para su hijo y lo ayudaron y lo animaron a seguir sus sueños.

 

 

A veces, sólo se necesita alguien que nos anime a avanzar.

Podemos imaginar el orgullo enorme que sienten hoy que ven que su hijo logró algo que es producto de su esfuerzo y del aliento que ellos mismos le dieron.

 

El orgullo de la familia.

 

“La perseverancia en la rutina de los estudios y la dedicación para superar la adversidad fue recompensada con un nombramiento en el TJPA”, escribieron desde Justicia Potiguar.

El escritor brasilero Paulo Freire, que desarrolló numerosos trabajos de pedagogía, dijo que: “La educación no cambia al mundo. La educación cambia a las personas. La gente cambia al mundo”.

 

 

Si bien esta afirmación puede parecer una frase hecha, para Francisco y su familia se convirtió en una realidad. Ellos mejor que nadie saben que es así.

Francisco tiene sólo 31 años. Él no podía asistir a los cursos más caros y no podía dedicarse únicamente a los estudios, porque también tenía que trabajar, por eso, su mérito es doble.

 

 

Con todo en contra, Francisco pudo llegar a obtener su diploma y a ocupar este cargo tan importante.

Actualmente, vive con su esposa y su hijo y participa de un curso de entrenamiento junto con otros jueces, para comenzar su carrera como magistrado.

 

 

Su próxima meta, es mejorar la calidad de vida de los habitantes de su ciudad.

Una historia de superación, pero también de coraje.

¡Felicitaciones!

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